* Exponer lo que nos desagrada y tratar los conflictos cuanto antes
Si surge un conflicto hay que trabajarlo lo antes posible (antes, incluso, que en nuestra vida rutinaria) ya que, cuando compartimos viaje, las sensaciones se intensifican y crecen muy rápido.
Se trata de ser abiertos y sinceros sobre las cosas que no nos gustan.
Si ofrecemos a nuestros compañeros su propio espacio e información temprana sobre lo que nos molesta viviremos una experiencia memorable y allanaremos el camino para otros viajes compartidos.
* Reservar tiempo en común y tiempo a solas
Para descubrir nuevas cosas, juntos e individualmente. Y para aprender de cada uno de los compañeros y de las personas que encuentres en el camino.
La mejor forma de aliviar tensiones es ... tiempo a solas. Deberían crearse expresamente oportunidades para quedarse solo (por ejemplo, para una excursión en solitario)
No todo el mundo tiene por qué embarcarse en todas las actividades ni hay que estar permanentemente unidos en una piña. Por ejemplo, si alguien desea una hora de soledad en la habitación la otra persona puede salir a dar un paseo.
Aunque deseamos estar con los amigos no queremos acabar tirándonos los trastos a la cabeza. Es bueno respirar un poco de aire fresco de vez en cuando para disfrutar plenamente cuando se vuelve a estar en compañía.
* Elegir los compañeros de viaje con sabiduría
Serán personas afines con intereses comunes y gustos similares o compatibles.
Aunque, obviamente, no se puede estar en sintonía perfecta todo el tiempo ni todos tienen por qué hacer las mismas cosas.
* Planear el viaje previamente
Incluso entre personas de gustos afines surgen distintas preferencias, en niveles de confort o en actividades extra (meditación, paseo urbano, excursión extrema o rafting).
Si se habla con antelación, el que dedique un tiempo a lo que le plazca podrá hacerlo sin que el resto se sienta abandonado.
Si existen estados de forma dispares dedicar sólo la mitad del día a las actividades más exigentes para poder compartir el resto del tiempo con la totalidad del grupo.
Se puede nombrar un encargado planificador que lleve la iniciativa. Enviaría emails al resto con las alternativas existentes y recabaría opiniones (si alguien no contesta, sus preferencias no contarán). Si existe un dinamizador se rompe con la inercia y la gente se motiva para tomar decisiones (en las que todos deberían involucrarse)
Este responsable se encargará de facilitar las decisiones; no dictará el viaje entero.
Y, por supuesto hay que dejar espacio a la espontaneidad y la improvisación.
* Hacer un bote
Por ejemplo, antes de empezar el viaje, poner cada uno en un bote no retornable 100 € (u otra cantidad). Si alguien se echa para atrás no los podrá recuperar.
En función de la naturaleza del viaje, se podrán hacer aportaciones sucesivas.
Si cada año se viaja a un sitio diferente, el bote sufragará los viajes. Así todos pagarán lo mismo aunque provengan de diferentes ciudades.
El bote cubrirá los gastos compartidos. Si alguien desea salirse del presupuesto (una habitación sencilla en el hotel, una excursión guiada de un día ...) lo pagará de su bolsillo.
Para que todos se sientan confortables (ni presionados ni privados), hablar previamente sobre cuánto puede gastar cada uno.
Si los ingresos son muy dispares, se pueden dividir los gastos de forma proporcional (si la amistad es muy cercana puede ser algo natural y perfectamente aceptado). Lo menos rechinante sería que la persona con más ingresos propusiese esta solución.
También, quien tenga más dinero podría encontrar maneras de encargarse de las facturas extra de forma elegante y discreta.
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